sábado 24 de mayo de 2008

Son las 5:40 de la mañana de un sábado, aproximadamente. He visto esa película de Indiana Jones.

Sólo un mensaje: "¡LO ESTAMOS PERDIENDO! ¡LUCAS SE NOS VA DE LAS MANOS!"

Continuare con este blog, solo me hace falta enderezar un poquillo mi vida, que va dando tumbos. Y mientras tanto, sigan a la espera. Habrá mas, supongo. Lo que no se es cuando. Pero habrá más.

lunes 14 de abril de 2008

13 horas: Capítulo 3

Si en algún momento de la excursión, destaqué, fue en el que decidimos por mi intervención coger un camino alternativo de bajada que parecía señalado, pero que posteriormente se perdía, y tuvimos que hacer un poco de descenso libre por la montaña, con sus consiguientes peligros, hasta que llegamos al refugio Victory, punto en el que retomamos el camino que era correcto...

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Si en algún momento de la excursión, destaqué, fue en el que decidimos por mi intervención coger un camino alternativo de bajada que parecía señalado, pero que posteriormente se perdía, y tuvimos que hacer un poco de descenso libre por la montaña, con sus consiguientes peligros, hasta que llegamos al refugio Victory, punto en el que retomamos el camino que era correcto.

Ahora el sol era un problema, pegaba fuerte, y la sensación de calor se acrecentaba por el hecho de que sabíamos que no nos quedaba agua. Teníamos que seguir, pero este cacho se estaba haciendo eterno y complicado, era muy rocoso y el ritmo de vez en cuando se veía interrumpido por otros grupos de personas que usaban el camino, a los que dejábamos pasar, pero a costa de pararnos nosotros.

Llegamos al final de la parte conocida como “la torrentera”. Esto quería decir que se había acabado el camino de piedras y continuaba uno bastante más agradable de seguir. Hicimos una pequeña pausa para beber el poco agua que nos quedaba, momento en el que hice una de mis mejores fotos a un ejemplar de lagarto que nos obsequió con su presencia en aquel momento. El agua, desgraciadamente, había sido obtenida en una de las fuentes del ya lejano punto de descanso 2, y contenía un trozo de madera en suspensión que se había colado en la botella. Era asqueroso y estaba caliente, pero lo necesitábamos.

Seguir, seguir, seguir hacia delante. No puedes pensar en que se tiene que acabar, o que puedes dejarlo. Hay que seguir pensando hacia delante, empujarte a ti mismo, aunque las piernas no te respondan. Seguir, seguir, seguir. Para mi fortuna, que ya estaba rozando límites insostenibles, llegamos a una fuente, en la cual rellenamos todas las botellas de nuevo. Otro descanso más, que no era muy necesario en caso de haber estado en buenas condiciones, pero que ahora yo lo estaba notando como obligatorio.

El agua fresca de la fuente me devolvió parte de las fuerzas. Necesitaba esa agua, mas aún sudando como me encontraba. Ya estábamos bien, pero empecé a notar cierta molestia en el pie, a la que no hice caso por el cansancio. Seguimos por el sendero que descendía de la mira. Nos cruzábamos de vez en cuando con otros alpinistas que iban hacia arriba de la montaña. En ese momento sucedió algo que me hizo darme cuenta del poder de los instintos animales que están latentes en los humanos.



Nos cruzamos con un grupo formado por un hombre, dos chicas jóvenes y un chaval pequeñajo. Presumiblemente un padre, la hija del padre, el hermano y una amiga. Las chavalas, en edad moza ya, iban ataviadas con un bikini y un pantalón, probablemente se hubieran quitado la camiseta por el calor. El caso es que tal y como iba de cansado, mis ojos se fueron a posar en las dos virtudes gemelas que la naturaleza le había regalado a una de las jóvenes. Y que virtudes, oigan. Por decirlo mas claro, que tetas mas bonitas.

Y de repente, la testosterona, dormida hasta ahora en alguna parte de mi cuerpo, se despertó, notando yo como recuperaba energías y podía seguir caminando. Incluso en situaciones de extremo cansancio, la excitación provocada por el erotismo ayuda. Y vaya si ayuda, aparte de darme energías, esas tetas se quedaron grabadas a fuego en mi mente. Normalmente no le hubiera dado mas importancia que el típico comentario “madre, que modelado de polígonos mas bonito” o “ahora conozco el significado de escultural”, pero no estaba en una situación normal. La realidad es así, cruda.

Seguimos hacia la senda ecológica, sin embargo, justo al desviarnos del camino, me di cuenta de que no podía mas, tenia que quitarme las botas y ver que pasaba en los dedos de mis pies, porque notaba un ardor insoportable, y no podía seguir caminando.

En efecto, algo había pasado. Al prepararnos para subir, me vendé con esparadrapo una ampolla que tenía en el dedo gordo del pie. Pero fue peor el remedio que la enfermedad. El esparadrapo había rozado contra el dedo de al lado, y en cierto momento se había pegado a la piel, desgarrando la natural capa de protección que es la epidermis y dejando un círculo en carne viva en ese dedo. Y esparadrapo al canto solucioné este problema, lo cual me permitió seguir caminando muchísimo más cómodo.

Mas adelante estaba el collado donde íbamos a descansar otra vez, pero antes de llegar había que recorrer el camino de la senda ecológica. Y no era tanto la dificultad del camino como el cansancio que llevábamos a cuestas lo que nos estaba jodiendo vivos. La última parte de la senda ecológica fue un calvario. Y ahora valoraba las posibilidades de dejar de caminar, rendirme. Pero mientras lo pensaba seguía caminando.

¿Qué era lo que me empujaba? ¿Por qué seguir adelante?

No sabía ni responderme. Me enfurecía el hecho de no saber porque seguíamos adelante. ¿Qué voy a conseguir? La respuesta a eso es clara, nada. Andas porque llevamos miles de años haciéndolo, porque tienes que seguir adelante. Millones de personas lo han hecho antes que tú, y tú seguirás haciéndolo. No podemos pararnos, porque pararnos es el fin, es la muerte. Incluso en medio del monte, con montones de maneras de salvarte, es la muerte. La muerte como persona, el no saber conquistar una meta, el rendirse. Seguir, seguir, seguir.

El fragmento de camino que me separaba del punto de descanso era largo, se extendía más y más, y parecía engañarme para que me rindiera. Pero no me rendí, y ahora me alegro por ello. Llegamos al collado, serían más o menos las cinco de la tarde. Era hora para otro buen descanso y una pequeña ingesta de calorías. Pero algo iba bien, estábamos recuperando el humor, y sabíamos que este siguiente tramo era el final. Así que disfrutamos pausadamente, pero con ganas, de la tortilla en tupperware que llevábamos en una de las mochilas, además de descalzarnos los pies a la sombra de un árbol. Un gran momento.

Después de una merecida media hora de descanso, nos pusimos en marcha, con un buen rollo muy agradable, ayudado por el hecho de que era cuesta abajo, y ya no hacía tanto calor. Sin embargo el cansancio seguía estando ahí. El pequeño problema que se nos planteaba es que no habíamos probado el camino de vuelta nunca, así que tuvimos que tirar de orientación y del famoso método de prueba-error.

Llegamos a la bifurcación del camino y tomamos la que se supone que era nuestra dirección. Todo bien, un camino ancho con roderas de coche y a la sombra. Las moscas se empeñaban en chuparnos el sudor de donde fuera, para lo cual usamos una eficaz rama de matojo, que hacía las veces de cola de vaca. Aún a pesar del accesorio, las moscas son capaces de sacarte de quicio normalmente, imaginaos en esos niveles de cansancio.

Llegamos a un cortafuegos convertido en camino, en el que descendimos un par de pasos para tomar un nuevo desvío a un camino que parecía el que teníamos que tomar. Y desde luego lo era, pero estaba en un estado de abandono muy notorio, no por la señalización, sino porque la vegetación había literalmente absorbido al camino, y era necesario hacerse paso entre helechos (otra vez helechos) y algunas zarzas para continuar. El cansancio se veía silenciado por la necesidad de atravesar la vegetación, queríamos llegar de vuelta al coche, y hacerlo ya. Avanzábamos deprisa, mezclando a partes iguales inquietud (no sabíamos si íbamos en la dirección correcta) y rabia por ver el camino que teníamos que transitar en tan mal estado.



Unos treinta minutos mas adelante el camino apareció despejado de maleza, y pudimos continuar la marcha, teorizando sobre donde nos encontrábamos y que debíamos hacer. Y solo se podía seguir adelante. El cansancio pasó a ser algo anecdótico, había superado la barrera de la consciencia, ahora solo quería ir más allá, a mi destino, pasase lo que pasase. No se, serían endorfinas generadas por mi cuerpo, ya no sentía las piernas pesadas, sólo tenía un objetivo y era llegar al coche de nuevo. Era un autómata, y estaba configurado para andar.

Vimos algo que nos resultaba familiar, un riachuelo que habíamos observado previamente desde el camino que cogimos hace ya bastantes horas para subir. Estábamos llegando, y se merecía una pausa. Ya teníamos claro que este era el camino correcto, ahora sólo quedaba bajar un trecho corto para llegar al coche. Y el humor ya estaba de nuevo con nosotros. Durante ese pequeño trayecto, mi primo y yo volvimos a sacar a relucir nuestro “humor cansado”, humor de risa floja, con comentarios y chistes sin base, pero con los que te ríes inevitablemente porque la efectividad de estos proyectos de chiste se ve drásticamente incrementada por el cansancio.

Si, nos dolían las piernas. Estábamos hechos unos trapos. Sucios, doloridos, cansados y contando chistes malos. Como recién sacados de una escena final de una peli de catástrofes/zombis. Nos arrastrábamos mientras mirábamos al suelo, era el momento del final, cuando has dejado el límite de tus sentidos y sensaciones en alguna parte del camino, y no vas a volver a recogerlo.

Y ahí estaba, por fin, el coche. Se acabó el camino. Has llegado a tu destino, el mismo del que has salido, 13 horas después. Y te llevas contigo una de las experiencias más grandes que has tenido en la vida. Seguir, seguir, seguir y seguir, era lo que pensaba hace un rato. Pero ahora ya no, ya has llegado. Ahora es el momento de gritar, de decir que lo has conseguido. Eres uno contigo mismo, estás más cerca de ti que nunca.

De esta experiencia saqué muchas cosas positivas, unas agujetas de muerte, una de las duchas más placenteras y agradables que recuerdo, unas horas de sueño bien merecidas, y quizá unos muchos kilos de menos, que fueron posteriormente recuperados para mi descontento. No se si así se forja una leyenda, pero la caminata fue épica, sin duda.



Se acabó la historia, señores. Os dejo con el archivo .kmz, para abrir con Google Earth, y que os hagais una idea aproximada en 3D del palizón. Nos vemos ^^.

Ruta.kmz

viernes 11 de abril de 2008

Parentesis

Hacemos un pequeño paréntesis, lectores. Me voy este finde de frikismo a Jerez, a ver que tal va.

Por otro lado, voy tomando poco a poco contacto con el nuevo trabajo en el que estoy. De todos modos, cuando me vaya acostumbrando, intentaré volver a retomar el ritmo que llevaba de posteo.

Y poco mas, que nos vemos a la vuelta, y que todavía falta la desgarradora parte final de 13 horas, asin que, atentos a sus pantallas ^^.

martes 1 de abril de 2008

13 horas: Capítulo 2


Descansamos un rato, suficiente para recuperar un poquito el buen humor y hacer fotos de la zona. A continuación volvimos a partir para hacer el segundo tramo de la caminata...
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Descansamos un rato, suficiente para recuperar un poquito el buen humor y hacer fotos de la zona. A continuación volvimos a partir para hacer el segundo tramo de la caminata. Nos desplazamos por un sendero que iba por la cuerda de la cadena montañosa. Sin embargo, este sendero, que confiábamos que fuera mas o menos recto, descendió tramposamente una cantidad considerable de metros, para luego volver a subir hacia la loma de la siguiente montaña. El ganado que pastaba por allí nos miraba con cara confiada, y probablemente se riera de nuestra imposibilidad de andar por fuera de los caminos.



Mas adelante el camino terminó la bajada, que hicimos con cierto agrado simplemente por el hecho de estar cuesta abajo. Se comenzaba a subir con una inclinación más que discutible, y pronto nos vimos agotados en la mitad de la cuesta, volviendo a la misma situación de cansancio que habíamos sufrido hace un rato. Justo en ese momento vimos en unos riscos bastante cercanos a una manada de cabras montesas descansando y tomando el sol de media mañana. Buen momento para una foto. Seguimos subiendo la trabajosa cuesta mientras el sol pendía sobre nuestras cabezas. Las piedras me volvían a hacer resbalar un poco, que no significa nada si estas bien, pero que en estos límites de cansancio, cualquier cosa que te impida avanzar se nota. Al llegar a la loma notamos que era bastante más fácil de caminar, y nos dirigimos hacia la mira. Puedes llegar a la montaña por varios caminos, pero la cumbre siempre está en el mismo punto, en un torreón construido allí por alguien que probablemente no estuviera tan matado como nosotros en este momento.

Si bien las cuestas empinadas son complicadas de subir, las poco empinadas pero largas son unas perras traicioneras. Mas cuando ves ahí delante el torreón, pero todavía te queda por andar. Llegamos al segundo punto de descanso en este tramo el torreón, una montaña que tiene sus buenos 2300 metros de altura. Desde arriba lo ves todo claro, diáfano. Te sientas en lo más alto y descubres que estás escuchando los ritmos de tu corazón, estás en sintonía con tu cuerpo. Las piernas me tiemblan del palizón, pero es el momento de meterse un sándwich para el cuerpo y reposar un poco. El agua escaseaba, pero no podemos hacer nada para rellenarla, así que apuramos una de las botellas y nos damos una merecida pausa.



Aproveché para echar fotos a unas águilas que revoloteaban a una altura impresionante, también a unos ejemplares de cabra montesa que descansaban en un lugar cercano pero inaccesible para nosotros. A un lado teníamos los Galayos, unos picos muy populares para escalar, y esta popularidad se hacia patente en las dos o tres cordadas diferentes que estaban en el proceso de ascenso. Algo impresionante de ver, y seguro que también de vivir.

Tras una pausa de veinte minutillos nos pusimos de nuevo en marcha, ya con las gorras puestas para protegernos del sol. Otra vez la espalda sudada y esa sensación de frío húmedo, pero el cansancio acumulado que llevaba encima se encargó de que no lo notase demasiado. Me miré los brazos, que aparecían llenos de motas negras, eran el sudor mezclado con el polvo del camino.



Continuará...

lunes 31 de marzo de 2008

Intermission

Foto sacada de Picasa!

Uffff... hoy es un dia complicado, y no ha hecho mas que empezar. Hoy se crea un punto de inflexión en mi vida, y no sé a donde va cada uno de los desvios. Veremos que pasa, pero, lectores y lectoras, os digo con total sinceridad que "HOY MI VIDA PUEDE CAMBIAR".

Veremos que derroteros toman las situaciones que se desencadenen hoy, mientras tanto, aqui sigo. A ver si esta tarde-noche puedo postear la siguiente parte de 13 horas.

jueves 20 de marzo de 2008

13 horas: Capítulo 1.

Por fin tengo listo este post, muy en parte gracias a la ayuda de Saricchiella, que me echó una importante mano en la plantilla del blog. Si queréis leer el resto de la historia, pulsad en Continue?.

Os voy a contar una historia. Una historia de sufrimiento y superación. Una historia de naturaleza y de vida. De impulsos, de superación y dolor.

El verano pasado hice la que probablemente sea la mayor caminata que he hecho y haré en mi vida. El viaje que os comento a continuación esta un pelín “edulcorado”, y es que a lo mejor me paso un poquito al describir la experiencia, pero, que coño, así nacen las leyendas ^^.

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Os voy a contar una historia. Una historia de sufrimiento y superación. Una historia de naturaleza y de vida. De impulsos, de superación y dolor.

El verano pasado hice la que probablemente sea la mayor caminata que he hecho y haré en mi vida. El viaje que os comento a continuación esta un pelín “edulcorado”, y es que a lo mejor me paso un poquito al describir la experiencia, pero, que coño, así nacen las leyendas ^^.

No se que día de la semana era, ni tampoco importaba mucho. Nos levantamos a unas traicioneras 5 de la mañana, con el sueño en el cuerpo y sabiendo lo que habíamos planeado. Cogimos tres mochilas, que llenamos con bocatas que ya habíamos preparado, mudas de calcetines y camisetas, linternas, botellas de agua, algo de primeros auxilios, móviles, gafas de sol, crema protectora, gorras, preparado de bebida isotónica y algo mas que probablemente me olvide. Me pesaban los cojones, por decirlo sin rodeos. Pero había decidido que no existe la marcha atrás, así que de perdidos al río.

Nos montamos en el coche con una noche que estaba callada y expectante. Los cinco o diez minutos que pasamos en el trayecto fue observando como la tonelada de polillas que hacían la ronda nocturna se veían atraídas hacia el foco del coche, para morir sin remedio siendo arrolladas por lo que para ellas era un gigante metálico. Al llegar al lugar de la caminata, y al salir del coche notamos cierto fresco nocturno que se veía acrecentado por la humedad que generaba un río que pasaba por allí cerca.

Sabíamos que debíamos empezar pronto a caminar, incluso de noche, para no perder demasiado tiempo y poder estar de vuelta antes de que el sol volviera a ponerse. Habíamos decidido hacer una caminata larga por varios caminos de la zona que conocíamos. Y no sabíamos cuanto tiempo nos llevaría. Nos colocamos las linternas frontales, cargamos las mochilas, y comenzamos a andar por el monte.



Andar por la noche en el monte puede parecer romántico, incluso divertido. Pero lo que es cierto es que con unos helechos que te llegan a la altura del cuello se hace agobiante. Íbamos armados con palos de caminar, pero eso no evitaba que muchas raíces de pino nos hicieran jugarretas a traición. La sensación de que es de noche y no percibes lo que pueda haber a tu alrededor es perturbante, pero seguíamos adelante. Otro de los problemas que se sumaban a ello eran los constantes hilos de araña que se empeñaban en impactar con mi cara. Normalmente voy con un palo delante para quitarlas de en medio, pero ahora necesitaba el palo como seguro y para tantear el suelo. Y creedme que cuando vais delante del grupo, y tu luz apunta al suelo para ver que es lo que hay, es muy desconcertante que una fina hebra de hilo de telaraña se quede pegada en tu cara. Me estaba poniendo nervioso, y aceleraba el ritmo, demasiado. Así que me canse pronto, y mi tío tomó el relevo de la cabeza. Estaba más calmado, pero no podía evitar echar de vez en cuando un ojo al bosque dormitante que se extendía a mí alrededor.

Y llegó el amanecer, mientras seguíamos en pie por la primera parte del recorrido. Al llegar a cierta altura y tras cruzar el riachuelo que por allí aparecía los helechos dejaron de cubrirnos y pasamos a andar más sueltos y relajados. Ya había mucha luz, aunque el sol no había hecho acto de aparición todavía. Llegamos al punto de descanso 1 y nos paramos a tomar un poco de líquido y valorar el rato relativamente agobiante que habíamos pasado.

Me sentía bien, había alcanzado un punto bueno de marcha y aunque notaba cierto cansancio, hubiera podido andar indefinidamente en aquel estado. La pausa, como después notaría, me hizo mas daño que bien, ya que paré en mi mejor momento, y luego arrancar fue complicado, y no digamos ya seguir hacia delante. Un hecho curioso es que ya había sudado la camiseta de manera espectacular. Lo noté sobre todo cuando dejé la mochila para sacar el agua, y después me la tuve que volver a poner. Esa sensación, que seguro que mas de uno habrá tenido, es incomoda de cojones. Pero seguimos adelante.



El trecho que nos separaba del segundo punto de descanso (que no estaban previstos, era según lo necesitábamos) fue agradable aunque cansado. Las vistas sobre lo que dejábamos atrás eran cada vez más espectaculares, y la madre naturaleza nos proveyó de un día bastante despejado, con lo que podíamos ver a una distancia considerable, aún a pesar de cierta bruma que flotaba en el ambiente. El cansancio se iba acrecentando, pero continuábamos la marcha hasta el segundo punto de descanso, al lado de un manantial de la zona, que estaba cubierto y rodeado de verde vegetación que, si bien era un regalo para la vista, también era un peligro para el pie, haciendo la zona resbaladiza. No hubiera supuesto ningún problema para alguien que acabara de llegar, pero el cansancio hace que controles peor tus extremidades, por lo que tener un poco de cuidado nunca estaba de más.

Nos levantamos de nuevo. Ya no era el compañero dicharachero que suelo ser, el cansancio hace que ahorres todo lo que tienes dentro y pienses en la mecánica de andar como un mero autómata. Una de las peores fases del recorrido la tuve aquí, en el tramo entre el puerto del Pico y el punto de descanso 2. El paisaje que me rodeaba era bonito, si. Pero estaba llegando al límite de mis fuerzas. Todas las partes de mi cuerpo estaban desconectadas y solo podía sentir los dedos de mis manos casi inertes, que movía de vez en cuando, y mis piernas, que daban pasos hacia delante. La cabeza jugaba un papel fundamental, los pensamientos que tienes en esos momentos son muy específicos, limpios de las tonterías que tenemos en las ciudades y en la sociedad.



Tienes dos posibilidades, rendirte o seguir adelante. La rabia acumulada de las cosas que van pasando en tu vida, la impotencia que sientes en ciertos momentos ante cosas que no puedes evitar, todo eso es ahora el carbón que alimenta la maquinaria de tu cerebro. Es una prueba que te haces a ti mismo, no necesitas demostrarte si eres lo suficientemente hombre (o mujer), solo necesitas saber que puedes hacerlo, y mas que poder hacerlo, necesitas demostrarte que lo estas haciendo. Calculas los pasos exactamente para no gastar más energía de la necesaria, pero de vez en cuando un resbalón te impide seguir. Ahí, en ese momento, cuando paras en el momento de más cansancio, es cuando mas te cuesta reanudar la marcha. Cuando necesitas empujarte a ti mismo a seguir, a seguir, a seguir hasta reventar.

Parecía que la cima estaría mas cerca, pero eso es lo que parece siempre. Tras un mal rato, llegamos al puerto del Pico. Aquí es cuando te sientas y te dices que es un buen momento para vanagloriarte un poco. Ingerimos algo de alpiste (barritas de müesli, ¿que os creéis que son?) y bebida isotónica, cuya función principal es recuperar sales minerales del cuerpo.



Continuara...

martes 18 de marzo de 2008

El meme de Enjuto Mojamuto

Dani lanza y... ¡encesta! Tiroraritati (lease sonido de cancha de baloncesto). Me pasa este meme de Enjuto Mojamuto, nuestro chanante heroe particular.

Voz en off> ¿Cuántas horas al día de media pasas conectado a Internet?
Enjuto>
Pues LOL. En realidad paso en Internet mucho tiempo, pero la mayoría jugando online o en el curro (ahora que estoy de perfil bajo).

Voz en Off> ¿Cuántas cuentas de correo tienes?
Enjuto> Cuatro o cinco: una de Gmail, una de Hotmail, una de Yahoo, una de Amena, y creo que se me olvida alguna…

Voz en off> ¿De cuántas redes sociales eres?
Enjuto> Pues de casi ninguna, me he hecho un Myspace ahora para redirigirlo al blog, y un Twitter por vagancia, pero creo que lo acabaré dejando. Me gustan mas los foros y la blogosfera.

Voz en off> ¿Qué te gusta más para expresarte: el blog, el wiki, flickr o twitter?
Enjuto> Como no uso wiki ni flickr, y 160 caracteres son excesivamente pocos, prefiero el blog. Siempre he sido de parrafada larga.

Voz en off> ¿A cuántas mujeres blogueras conoces personalmente?
Enjuto> A dos, Astrea y Saricchiella (si me lo permiten ^^).

Voz en off> ¿A cuántas mujeres blogueras lees habitualmente?
Enjuto> Pues las arriba mencionadas, además de Estrellita Mutante y Bambú.

Voz en off> ¿A quién le paso el meme?
Enjuto> ¿A alguien le apetece? Pues que lo haga. Se lo paso a todo aquel que quiera hacerlo, como se suele decir en estas cosas. Simplemente dejadme un comentario y nos echamos unas risas.