martes, 12 de febrero de 2008

Audiolectura #3

Si quieres conocer que es esta sección, pasate por aqui. Para los que ya la conocen, aqui va una nueva entrega:

Amanece de nuevo en los restos de un pueblo de la sierra. El mundo ya no es lo que era. En un punto, un punto de ruptura, todo se fue al carajo. La guerra invadió todos los rincones de la tierra. Ningún lugar quedo a salvo de las masacres, y todo lo que conllevan los conflictos armados. Esta vez, ni siquiera el fuerte se comió al débil. El débil murió directamente, y el que pudo escapó mientras fuera capaz. La gente que quedaba viva después de los bombardeos masivos que tuvieron lugar en cada palmo de tierra del planeta se arremolinó en grupos de supervivencia. Los valores positivos, como la solidaridad y esas cosas que tanto le gusta a la gente oír, no eran más que hechos aislados frente a la violencia y los instintos de supervivencia del humano.

Los que creían tener lazos fuertes con la gente, se daban cuenta de que los valores cambiaban con la velocidad del rayo. La gente que creías que te apoyaba y estaría contigo, simplemente no estaba o yacía muerta en alguna esquina abandonada. A su vez, gente que no creías que aguantaría a tu lado te sorprendió gratamente, aunque en menor medida con respecto a los que te defraudaron. El destino hace extraños compañeros de viaje, y se forjaban relaciones basadas en la necesidad o en el apoyo mutuo.

Los servicios básicos, electricidad, agua, gas, habían sido tiempo atrás eliminados. Ahora, conseguir agua dependía del lugar donde te hallases y de tu pericia. Las energías alternativas, ya no eran una “alternativa”, debido a que nadie podía mantener los mecanismos. Se volvió a usar el fuego, y cada vez menos retazos de la sociedad se hacían presentes. No importa como empezó, ni quien o cual hizo qué. Ya es demasiado tarde para preocuparse por eso. Nos han jodido a todos. Y el que no está jodido, esta muerto. Creo que la cifra de muertes alcanzó los diecinueve veinteavos de la población total de la Tierra. Ahora mismo, eso da igual. Solo nos podemos preocupar por seguir adelante.

Escribo esto en un pedazo de papel mientras miro como amanece delante de mí. Mi familia, afortunadamente a salvo, y yo nos las arreglamos para escapar de la ciudad con tiempo, no sin tener que hacer muchas maniobras locas con el coche. Huimos a un pueblo pequeño de las montañas que estaba a una hora y media de camino en condiciones normales. Sin embargo este camino nos llevó más de cinco horas de tensión en las que muchas veces estuvimos a punto de acabar muy mal. Ahora veo las nubes, que han bajado por debajo del nivel de donde me encuentro. Hasta donde se extiende mi vista, un mar de algodón blanco cubre la tierra. Un algodón que intenta curar unas heridas que son profundas y dolorosas. De vez en cuando algún disparo suelto de un grupo de supervivientes, o quizá de asesinos, irrumpe la paz que flota en el ambiente. No se si empezaremos de nuevo, es complicado pensar en nada que no sea llegar a mañana.

Ahora que el fresco de la mañana acaricia mi cara, tengo tiempo para pensar y reflexionar. El único momento en el que puedo analizar que es lo que me está pasando a mí. Es el momento de la introspección. En cierto punto de esta frenética lucha por la vida me he visto obligado a defender a los míos de lo que les pudiera hacer daño. Eso incluye tanto armas como personas, y ya no sabía distinguir cuales eran mas peligro. En ese momento, tuve que empuñar por primera vez un arma de verdad. Y tuve que apretar el gatillo. Una imagen de cristales rotos se pasó fugazmente por mi mente. En ese momento, perdí algo que no recuperaré jamás.
Siento que mi cordura se resquebraja. Lo que conocemos como valores de la sociedad se perdieron en un día, con rapidez, sin ningún asomo de duda. Me planteo por qué sigo adelante. Qué razón para vivir espero encontrar el día de mañana. El sol que calienta mi cuerpo me insufla un poco de energía. Estoy sereno y tranquilo, aunque una lágrima se desliza por mi mejilla. Todo es tan duro, tan confuso. Siento pena por todos aquellos que murieron, y quizá sienta pena porque el futuro ahora es negro, tan negro como el humo que despedía la ciudad de la que escapé mientras me dirigía aquí. No se que va a pasar.

Oigo algún tipo de motor a lo lejos. Parece que quizá tengamos compañía, tengo que volver a la casa donde estamos refugiados ahora para avisar a mi familia. Ahora que había encontrado un buen lugar para descansar. Que pena. Bueno, solo queda salir adelante, como llevamos haciendo desde hace tiempo.

Nunca hay que rendirse.

2 comentarios:

Cho Hakkai dijo...

Audiolecutra!!!. Esta noche la hago sin falta. Ahora tengo que pegarme un duchazo y seguir currando.

Nos vemos!!

Cho Hakkai dijo...

Ya lo he leido.

Chulísimo. Muy apocalíptico a lo Dragon Head!!. Has plasmado todos los pensamientos a la perfección. Genial.

Por cierto, me ha encantado: "Hasta donde se extiende mi vista, un mar de algodón blanco cubre la tierra. Un algodón que intenta curar unas heridas que son profundas y dolorosas."

Sublime.

Saludos!!