jueves, 20 de marzo de 2008

13 horas: Capítulo 1.

Por fin tengo listo este post, muy en parte gracias a la ayuda de Saricchiella, que me echó una importante mano en la plantilla del blog. Si queréis leer el resto de la historia, pulsad en Continue?.

Os voy a contar una historia. Una historia de sufrimiento y superación. Una historia de naturaleza y de vida. De impulsos, de superación y dolor.

El verano pasado hice la que probablemente sea la mayor caminata que he hecho y haré en mi vida. El viaje que os comento a continuación esta un pelín “edulcorado”, y es que a lo mejor me paso un poquito al describir la experiencia, pero, que coño, así nacen las leyendas ^^.

Continue?
Os voy a contar una historia. Una historia de sufrimiento y superación. Una historia de naturaleza y de vida. De impulsos, de superación y dolor.

El verano pasado hice la que probablemente sea la mayor caminata que he hecho y haré en mi vida. El viaje que os comento a continuación esta un pelín “edulcorado”, y es que a lo mejor me paso un poquito al describir la experiencia, pero, que coño, así nacen las leyendas ^^.

No se que día de la semana era, ni tampoco importaba mucho. Nos levantamos a unas traicioneras 5 de la mañana, con el sueño en el cuerpo y sabiendo lo que habíamos planeado. Cogimos tres mochilas, que llenamos con bocatas que ya habíamos preparado, mudas de calcetines y camisetas, linternas, botellas de agua, algo de primeros auxilios, móviles, gafas de sol, crema protectora, gorras, preparado de bebida isotónica y algo mas que probablemente me olvide. Me pesaban los cojones, por decirlo sin rodeos. Pero había decidido que no existe la marcha atrás, así que de perdidos al río.

Nos montamos en el coche con una noche que estaba callada y expectante. Los cinco o diez minutos que pasamos en el trayecto fue observando como la tonelada de polillas que hacían la ronda nocturna se veían atraídas hacia el foco del coche, para morir sin remedio siendo arrolladas por lo que para ellas era un gigante metálico. Al llegar al lugar de la caminata, y al salir del coche notamos cierto fresco nocturno que se veía acrecentado por la humedad que generaba un río que pasaba por allí cerca.

Sabíamos que debíamos empezar pronto a caminar, incluso de noche, para no perder demasiado tiempo y poder estar de vuelta antes de que el sol volviera a ponerse. Habíamos decidido hacer una caminata larga por varios caminos de la zona que conocíamos. Y no sabíamos cuanto tiempo nos llevaría. Nos colocamos las linternas frontales, cargamos las mochilas, y comenzamos a andar por el monte.



Andar por la noche en el monte puede parecer romántico, incluso divertido. Pero lo que es cierto es que con unos helechos que te llegan a la altura del cuello se hace agobiante. Íbamos armados con palos de caminar, pero eso no evitaba que muchas raíces de pino nos hicieran jugarretas a traición. La sensación de que es de noche y no percibes lo que pueda haber a tu alrededor es perturbante, pero seguíamos adelante. Otro de los problemas que se sumaban a ello eran los constantes hilos de araña que se empeñaban en impactar con mi cara. Normalmente voy con un palo delante para quitarlas de en medio, pero ahora necesitaba el palo como seguro y para tantear el suelo. Y creedme que cuando vais delante del grupo, y tu luz apunta al suelo para ver que es lo que hay, es muy desconcertante que una fina hebra de hilo de telaraña se quede pegada en tu cara. Me estaba poniendo nervioso, y aceleraba el ritmo, demasiado. Así que me canse pronto, y mi tío tomó el relevo de la cabeza. Estaba más calmado, pero no podía evitar echar de vez en cuando un ojo al bosque dormitante que se extendía a mí alrededor.

Y llegó el amanecer, mientras seguíamos en pie por la primera parte del recorrido. Al llegar a cierta altura y tras cruzar el riachuelo que por allí aparecía los helechos dejaron de cubrirnos y pasamos a andar más sueltos y relajados. Ya había mucha luz, aunque el sol no había hecho acto de aparición todavía. Llegamos al punto de descanso 1 y nos paramos a tomar un poco de líquido y valorar el rato relativamente agobiante que habíamos pasado.

Me sentía bien, había alcanzado un punto bueno de marcha y aunque notaba cierto cansancio, hubiera podido andar indefinidamente en aquel estado. La pausa, como después notaría, me hizo mas daño que bien, ya que paré en mi mejor momento, y luego arrancar fue complicado, y no digamos ya seguir hacia delante. Un hecho curioso es que ya había sudado la camiseta de manera espectacular. Lo noté sobre todo cuando dejé la mochila para sacar el agua, y después me la tuve que volver a poner. Esa sensación, que seguro que mas de uno habrá tenido, es incomoda de cojones. Pero seguimos adelante.



El trecho que nos separaba del segundo punto de descanso (que no estaban previstos, era según lo necesitábamos) fue agradable aunque cansado. Las vistas sobre lo que dejábamos atrás eran cada vez más espectaculares, y la madre naturaleza nos proveyó de un día bastante despejado, con lo que podíamos ver a una distancia considerable, aún a pesar de cierta bruma que flotaba en el ambiente. El cansancio se iba acrecentando, pero continuábamos la marcha hasta el segundo punto de descanso, al lado de un manantial de la zona, que estaba cubierto y rodeado de verde vegetación que, si bien era un regalo para la vista, también era un peligro para el pie, haciendo la zona resbaladiza. No hubiera supuesto ningún problema para alguien que acabara de llegar, pero el cansancio hace que controles peor tus extremidades, por lo que tener un poco de cuidado nunca estaba de más.

Nos levantamos de nuevo. Ya no era el compañero dicharachero que suelo ser, el cansancio hace que ahorres todo lo que tienes dentro y pienses en la mecánica de andar como un mero autómata. Una de las peores fases del recorrido la tuve aquí, en el tramo entre el puerto del Pico y el punto de descanso 2. El paisaje que me rodeaba era bonito, si. Pero estaba llegando al límite de mis fuerzas. Todas las partes de mi cuerpo estaban desconectadas y solo podía sentir los dedos de mis manos casi inertes, que movía de vez en cuando, y mis piernas, que daban pasos hacia delante. La cabeza jugaba un papel fundamental, los pensamientos que tienes en esos momentos son muy específicos, limpios de las tonterías que tenemos en las ciudades y en la sociedad.



Tienes dos posibilidades, rendirte o seguir adelante. La rabia acumulada de las cosas que van pasando en tu vida, la impotencia que sientes en ciertos momentos ante cosas que no puedes evitar, todo eso es ahora el carbón que alimenta la maquinaria de tu cerebro. Es una prueba que te haces a ti mismo, no necesitas demostrarte si eres lo suficientemente hombre (o mujer), solo necesitas saber que puedes hacerlo, y mas que poder hacerlo, necesitas demostrarte que lo estas haciendo. Calculas los pasos exactamente para no gastar más energía de la necesaria, pero de vez en cuando un resbalón te impide seguir. Ahí, en ese momento, cuando paras en el momento de más cansancio, es cuando mas te cuesta reanudar la marcha. Cuando necesitas empujarte a ti mismo a seguir, a seguir, a seguir hasta reventar.

Parecía que la cima estaría mas cerca, pero eso es lo que parece siempre. Tras un mal rato, llegamos al puerto del Pico. Aquí es cuando te sientas y te dices que es un buen momento para vanagloriarte un poco. Ingerimos algo de alpiste (barritas de müesli, ¿que os creéis que son?) y bebida isotónica, cuya función principal es recuperar sales minerales del cuerpo.



Continuara...

3 comentarios:

MadWorld dijo...

Filin , gran historia!
Debemos ir algún dia a hacer algo así jeje.

leolo dijo...

Dios que horro, andar! Encima por la noche tu estas mal de la cabeza, con lo bien que se va en coche de día disfrutando del paisaje y escuchando música. Valeee que te sale mas tripa y eso pero ¿A quien le importa?.
Saludos.

Gran historia

Luffy dijo...

Estoy deseando leer el desenlace de tan intrépida aventura.

Por cierto, dicen las malas lenguas que Haggar ha sustituido su osito por un delfín de peluche XD