lunes, 14 de abril de 2008

13 horas: Capítulo 3

Si en algún momento de la excursión, destaqué, fue en el que decidimos por mi intervención coger un camino alternativo de bajada que parecía señalado, pero que posteriormente se perdía, y tuvimos que hacer un poco de descenso libre por la montaña, con sus consiguientes peligros, hasta que llegamos al refugio Victory, punto en el que retomamos el camino que era correcto...

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Si en algún momento de la excursión, destaqué, fue en el que decidimos por mi intervención coger un camino alternativo de bajada que parecía señalado, pero que posteriormente se perdía, y tuvimos que hacer un poco de descenso libre por la montaña, con sus consiguientes peligros, hasta que llegamos al refugio Victory, punto en el que retomamos el camino que era correcto.

Ahora el sol era un problema, pegaba fuerte, y la sensación de calor se acrecentaba por el hecho de que sabíamos que no nos quedaba agua. Teníamos que seguir, pero este cacho se estaba haciendo eterno y complicado, era muy rocoso y el ritmo de vez en cuando se veía interrumpido por otros grupos de personas que usaban el camino, a los que dejábamos pasar, pero a costa de pararnos nosotros.

Llegamos al final de la parte conocida como “la torrentera”. Esto quería decir que se había acabado el camino de piedras y continuaba uno bastante más agradable de seguir. Hicimos una pequeña pausa para beber el poco agua que nos quedaba, momento en el que hice una de mis mejores fotos a un ejemplar de lagarto que nos obsequió con su presencia en aquel momento. El agua, desgraciadamente, había sido obtenida en una de las fuentes del ya lejano punto de descanso 2, y contenía un trozo de madera en suspensión que se había colado en la botella. Era asqueroso y estaba caliente, pero lo necesitábamos.

Seguir, seguir, seguir hacia delante. No puedes pensar en que se tiene que acabar, o que puedes dejarlo. Hay que seguir pensando hacia delante, empujarte a ti mismo, aunque las piernas no te respondan. Seguir, seguir, seguir. Para mi fortuna, que ya estaba rozando límites insostenibles, llegamos a una fuente, en la cual rellenamos todas las botellas de nuevo. Otro descanso más, que no era muy necesario en caso de haber estado en buenas condiciones, pero que ahora yo lo estaba notando como obligatorio.

El agua fresca de la fuente me devolvió parte de las fuerzas. Necesitaba esa agua, mas aún sudando como me encontraba. Ya estábamos bien, pero empecé a notar cierta molestia en el pie, a la que no hice caso por el cansancio. Seguimos por el sendero que descendía de la mira. Nos cruzábamos de vez en cuando con otros alpinistas que iban hacia arriba de la montaña. En ese momento sucedió algo que me hizo darme cuenta del poder de los instintos animales que están latentes en los humanos.



Nos cruzamos con un grupo formado por un hombre, dos chicas jóvenes y un chaval pequeñajo. Presumiblemente un padre, la hija del padre, el hermano y una amiga. Las chavalas, en edad moza ya, iban ataviadas con un bikini y un pantalón, probablemente se hubieran quitado la camiseta por el calor. El caso es que tal y como iba de cansado, mis ojos se fueron a posar en las dos virtudes gemelas que la naturaleza le había regalado a una de las jóvenes. Y que virtudes, oigan. Por decirlo mas claro, que tetas mas bonitas.

Y de repente, la testosterona, dormida hasta ahora en alguna parte de mi cuerpo, se despertó, notando yo como recuperaba energías y podía seguir caminando. Incluso en situaciones de extremo cansancio, la excitación provocada por el erotismo ayuda. Y vaya si ayuda, aparte de darme energías, esas tetas se quedaron grabadas a fuego en mi mente. Normalmente no le hubiera dado mas importancia que el típico comentario “madre, que modelado de polígonos mas bonito” o “ahora conozco el significado de escultural”, pero no estaba en una situación normal. La realidad es así, cruda.

Seguimos hacia la senda ecológica, sin embargo, justo al desviarnos del camino, me di cuenta de que no podía mas, tenia que quitarme las botas y ver que pasaba en los dedos de mis pies, porque notaba un ardor insoportable, y no podía seguir caminando.

En efecto, algo había pasado. Al prepararnos para subir, me vendé con esparadrapo una ampolla que tenía en el dedo gordo del pie. Pero fue peor el remedio que la enfermedad. El esparadrapo había rozado contra el dedo de al lado, y en cierto momento se había pegado a la piel, desgarrando la natural capa de protección que es la epidermis y dejando un círculo en carne viva en ese dedo. Y esparadrapo al canto solucioné este problema, lo cual me permitió seguir caminando muchísimo más cómodo.

Mas adelante estaba el collado donde íbamos a descansar otra vez, pero antes de llegar había que recorrer el camino de la senda ecológica. Y no era tanto la dificultad del camino como el cansancio que llevábamos a cuestas lo que nos estaba jodiendo vivos. La última parte de la senda ecológica fue un calvario. Y ahora valoraba las posibilidades de dejar de caminar, rendirme. Pero mientras lo pensaba seguía caminando.

¿Qué era lo que me empujaba? ¿Por qué seguir adelante?

No sabía ni responderme. Me enfurecía el hecho de no saber porque seguíamos adelante. ¿Qué voy a conseguir? La respuesta a eso es clara, nada. Andas porque llevamos miles de años haciéndolo, porque tienes que seguir adelante. Millones de personas lo han hecho antes que tú, y tú seguirás haciéndolo. No podemos pararnos, porque pararnos es el fin, es la muerte. Incluso en medio del monte, con montones de maneras de salvarte, es la muerte. La muerte como persona, el no saber conquistar una meta, el rendirse. Seguir, seguir, seguir.

El fragmento de camino que me separaba del punto de descanso era largo, se extendía más y más, y parecía engañarme para que me rindiera. Pero no me rendí, y ahora me alegro por ello. Llegamos al collado, serían más o menos las cinco de la tarde. Era hora para otro buen descanso y una pequeña ingesta de calorías. Pero algo iba bien, estábamos recuperando el humor, y sabíamos que este siguiente tramo era el final. Así que disfrutamos pausadamente, pero con ganas, de la tortilla en tupperware que llevábamos en una de las mochilas, además de descalzarnos los pies a la sombra de un árbol. Un gran momento.

Después de una merecida media hora de descanso, nos pusimos en marcha, con un buen rollo muy agradable, ayudado por el hecho de que era cuesta abajo, y ya no hacía tanto calor. Sin embargo el cansancio seguía estando ahí. El pequeño problema que se nos planteaba es que no habíamos probado el camino de vuelta nunca, así que tuvimos que tirar de orientación y del famoso método de prueba-error.

Llegamos a la bifurcación del camino y tomamos la que se supone que era nuestra dirección. Todo bien, un camino ancho con roderas de coche y a la sombra. Las moscas se empeñaban en chuparnos el sudor de donde fuera, para lo cual usamos una eficaz rama de matojo, que hacía las veces de cola de vaca. Aún a pesar del accesorio, las moscas son capaces de sacarte de quicio normalmente, imaginaos en esos niveles de cansancio.

Llegamos a un cortafuegos convertido en camino, en el que descendimos un par de pasos para tomar un nuevo desvío a un camino que parecía el que teníamos que tomar. Y desde luego lo era, pero estaba en un estado de abandono muy notorio, no por la señalización, sino porque la vegetación había literalmente absorbido al camino, y era necesario hacerse paso entre helechos (otra vez helechos) y algunas zarzas para continuar. El cansancio se veía silenciado por la necesidad de atravesar la vegetación, queríamos llegar de vuelta al coche, y hacerlo ya. Avanzábamos deprisa, mezclando a partes iguales inquietud (no sabíamos si íbamos en la dirección correcta) y rabia por ver el camino que teníamos que transitar en tan mal estado.



Unos treinta minutos mas adelante el camino apareció despejado de maleza, y pudimos continuar la marcha, teorizando sobre donde nos encontrábamos y que debíamos hacer. Y solo se podía seguir adelante. El cansancio pasó a ser algo anecdótico, había superado la barrera de la consciencia, ahora solo quería ir más allá, a mi destino, pasase lo que pasase. No se, serían endorfinas generadas por mi cuerpo, ya no sentía las piernas pesadas, sólo tenía un objetivo y era llegar al coche de nuevo. Era un autómata, y estaba configurado para andar.

Vimos algo que nos resultaba familiar, un riachuelo que habíamos observado previamente desde el camino que cogimos hace ya bastantes horas para subir. Estábamos llegando, y se merecía una pausa. Ya teníamos claro que este era el camino correcto, ahora sólo quedaba bajar un trecho corto para llegar al coche. Y el humor ya estaba de nuevo con nosotros. Durante ese pequeño trayecto, mi primo y yo volvimos a sacar a relucir nuestro “humor cansado”, humor de risa floja, con comentarios y chistes sin base, pero con los que te ríes inevitablemente porque la efectividad de estos proyectos de chiste se ve drásticamente incrementada por el cansancio.

Si, nos dolían las piernas. Estábamos hechos unos trapos. Sucios, doloridos, cansados y contando chistes malos. Como recién sacados de una escena final de una peli de catástrofes/zombis. Nos arrastrábamos mientras mirábamos al suelo, era el momento del final, cuando has dejado el límite de tus sentidos y sensaciones en alguna parte del camino, y no vas a volver a recogerlo.

Y ahí estaba, por fin, el coche. Se acabó el camino. Has llegado a tu destino, el mismo del que has salido, 13 horas después. Y te llevas contigo una de las experiencias más grandes que has tenido en la vida. Seguir, seguir, seguir y seguir, era lo que pensaba hace un rato. Pero ahora ya no, ya has llegado. Ahora es el momento de gritar, de decir que lo has conseguido. Eres uno contigo mismo, estás más cerca de ti que nunca.

De esta experiencia saqué muchas cosas positivas, unas agujetas de muerte, una de las duchas más placenteras y agradables que recuerdo, unas horas de sueño bien merecidas, y quizá unos muchos kilos de menos, que fueron posteriormente recuperados para mi descontento. No se si así se forja una leyenda, pero la caminata fue épica, sin duda.



Se acabó la historia, señores. Os dejo con el archivo .kmz, para abrir con Google Earth, y que os hagais una idea aproximada en 3D del palizón. Nos vemos ^^.

Ruta.kmz

4 comentarios:

MadWorld dijo...

Para cuando una nueva actualización Master Filin? jeje

leolo dijo...

Pero que culebrón jajaaja.
Saludos

mgdelacroix dijo...

Épico a la par que apoteósico... fascinante al fin y al cabo.

¿Para cuando la siguiente?

Shin Terry dijo...

waiting for new challenges